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Un tranvía llamado Deseo, el descarrilamiento de un clásico

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Por Roberto Marmolejo Guarneros

Un tranvía llamado Deseo es un clásico del teatro contemporáneo por su poesía dramática, contundencia escénica y personajes con conflictos reconocibles, conmovedores e inolvidables.

Nadie se salva de sentirse “tocado” por este texto mayor de uno de los más importantes y gloriosos dramaturgos del siglo XX: Tennessee Williams. Perdonen las hipérboles, pero –confieso- es uno de mis autores favoritos y más amados del teatro universal.

Cada una de las escenas del Tranvía, es un reto, una provocación para recrear en el escenario el lirismo desesperado, patético y erótico del personaje principal: Blanche Dubois.

Un tranvía llamado deseo, el descarrilamiento de un clásico

Un tranvía llamado Deseo es una obra realista –por su técnica y contexto literario- pero es más que eso: es la obra maestra de un escritor que profundizó y llevó a escena nuestros más íntimos temores existenciales, los tabúes sociales, el poderoso influjo del sexo y la victoria y caída de los vulnerables del corazón.

Lo terrible del nuevo montaje de esta pieza, bajo la dirección Iona Weissberg y Aline de la Cruz, es que parece que ninguna de las dos entendió cabalmente el texto de Williams y ambas lo sometieron a una vulgarización que lo convierte en la pieza de humor involuntario menos deseada de la temporada teatral del 2017.

Todo descarrila en este Tranvía. La dirección es plana, arrítmica, sin propuesta clara ni definida. Parece que ninguna de las dos “directoras” entendió el tono ni la textura y profundidad poética de la obra de Williams. Parece que ambas directoras se conformaron con ser “directoras de tránsito”: “Muévete para allá”; “párate aquí”; “camina para allá”. Movieron actores en el escenario. Y mal: ¿Qué necesidad de ver una violación cuando es parte del delirio de Blanche saber si es verdad o mentira? ¿Por qué Marcus Ornellas –el Stanley Kowalski de esta versión- camina con la pelvis echada para adelante como si eso nos confirmara que es un macho animal?”

Un tranvía llamado deseo, el descarrilamiento de un clásico

Más. Las transiciones son torpes y desarticuladas; no se siente ni se ve el paso de los días en aquel cuarto de Nueva Orleans. Tampoco ayudan la iluminación de Sergio Villegas y Emilio Martínez Zurita. Ellos son autores también de la escenografía, que funciona y ya.

La música es machacona y repetitiva. No suma para crear la atmósfera decadente, patética y nostálgica del Tranvía.

Un tranvía llamado deseo, el descarrilamiento de un clásico

Lo peor son las actuaciones. Ninguno de los cuatro actores principales está a la altura de sus personajes. Quizá Ornellas se salva del descarrilamiento, pero se salva por un pelo. Si tan sólo dejara de rascarse los sobacos e intensificara la carga erótica y brutal de Stanley con un trabajo emocional más que físico, arrasaría con el resto del elenco.

Un tranvia llamado deseo, o el Tranvía Cómico 2017

Desde la campaña previa al estreno de este Tranvía, se podía augurar el desastre: fotos descuidadas y mal hechas, en las que Mónica Dionne –Blanche- parecía doña Lucha. ¡Doña Lucha!

Pensé: ¿Qué? ¿Es el Tranvía Cómico?

un tranvia llamado deseo, descarrilamiento de un clásico

Dionne es soldado de muchas batallas teatrales; no es mala actriz, pero Blanche Dubois no es una señora de mediana edad. “Le lleva unos cinco años de edad a Stella. En su aire indeciso, algo sugiere una mariposilla”, señala Williams en su texto. Blanche es una mujer joven para nosotros, para su época es una solterona de 30 y tantos. Es claro el miscast. Dionne podría ser la hermana mayor de Blanche…

Tampoco ayudan las inflexiones y tono de voz a las que recurre para darnos ese aire de afectación y nerviosismo de la tremenda Blanche. Son falsos, superficiales y chocantes.

De María Aura no diré mucho: superficial como el resto del reparto.

Un tranvía llamado deseo, el descarrilamiento de un clásico

Quien le otorga el carácter cómico a esta propuesta es Rodrigo Murray, un actor de talento regular que bien dirigido es eficaz en serio y en comedia. En el Tranvía, como Mitch –el enamorado de Blanche- retrata no a una buena persona, sino a un hombre  maduro que se comporta como… ¡Chabelo!

Su tono de voz, inflexiones y la forma de abordar un personaje entrañable como Harold Mitchell, invitan a la risa y el chacoteo. Un tranvía llamado Deseo Cómico… El público ríe y ríe. No es para menos.

El teatro mexicano todavía le debe una Blanche Dubois de altura y poder a Tennessee Williams. En los 80, Jacqueline Andere con Humberto Zurita lo intentaron; en los 90, Diana Bracho y Agustín Torrestorija hicieron lo suyo. Ahora esto. Descarrilamiento tras descarrilamiento.

Están peor que el Metro de la Ciudad de México.

Información de funciones y boleto: Teatro Helénico.

Marcus Ornellas un tranvia llamado deseo, descarrilamiento de un clásico

 

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