Inicio Entretenimiento Nuevas directrices para los tiempos de paz

Nuevas directrices para los tiempos de paz

Dos personajes en huida

Compartir

Por Roberto Marmolejo Guarneros

¿Es posible el teatro después de la guerra, la locura, el exterminio, la vileza y la cobardía? Es posible y necesario, responde Bosco Brasil (1960) con su obra Nuevas directrices para los tiempos de paz.

Centrada en dos personajes, el texto del dramaturgo sudamericano es un discurso sobre la inmigración, la redención por el arte y el tormento de los recuerdos imborrables y la mala conciencia.

También es un claro, ejemplar y lúcido ejercicio de unidad aristotélica: un solo lugar, un lapso acotado y determinadas acciones. Nuevas directrices… es un modo de hiperrealismo teatral, donde todo sucede en tiempo “real”. Otros formas del realismo teatral no siempre apelan a esta fórmula. El noruego Henrik Ibsen, el gringo Tennessee Williams o el mexicano Sergio Magaña, son buenos ejemplos de esas otras modalidades (¡anoten y lean..! Digo, es sugerencia).

Nuevas directrices para los tiempos de paz

Ha acabado la Segunda Guerra Mundial, los aliados han vencido, pero en el país americano nada ha cambiado hasta ese momento. Un inmigrante polaco debe convencer de sus méritos –a través de la misericordia y de su memoria- a un oscuro y tortuoso funcionario brasileño, antes de que zarpe el carguero que lo ha traído o despedirse para siempre de la nueva patria que anhela.

La premisa no tiene mayor complejidad, pero Bosco y el director de la versión mexicana -Gabriel Figueroa Pacheco-, hacen de Nuevas directrices… un juego de mentiras, verdades a medias y personajes en huida de un pasado imperdonable.

Nuevas directrices para los tiempos de paz

Figueroa apuesta por un trazo limpio y sencillo; no requiere más porque se enfoca en las emociones y habilidades de Julien Le Gargasson y José Antonio Falconi, elementos imprescindibles, por robustos, para el buen resultado de cada función. Ambos actores responden con fuerza, detalle y transparencia a la propuesta del director. Y con manos –o talento- de artesano, crean un par de personajes complejos; no hay buenos ni malos ni simplificaciones contextuales en Nuevas directrices… Hay personajes que sufren y piden una segunda oportunidad para vivir felices.

Sin notarlo, con la sutileza de lo bello, el teatro se cuela entre el inmigrante y el burócrata a trasmano. No voy a contar el final, pero sin el espléndido monólogo de La vida es sueño, del español Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), Nuevas directrices para los tiempos de paz sería un pieza coja, sin remate digno.

Nuevas directrices para los tiempos de paz

Mucho de su contundencia reside en esas palabras de barroquismo existencial y por supuesto, en la dirección de Figueroa Pacheco y las actuaciones de Le Gargasson y Falconi.

Es una pena que cuando regresé a verla, después de tres años de estrenada, apenas hubo público. Vayan a verla, es una de esas obras necesarias para entender lo que pasa hoy en el mundo y gozar del teatro como arte mayor. Prometo que no se van a arrepentir.

En su cabeza resonarán la historia de Bosco Brasil y las palabras de Calderón:

“¡Ay mísero de mí, y ay infelice!

Apurar, cielos, pretendo,

ya que me tratáis así,

qué delito cometí

contra vosotros naciendo;

qué delito he cometido;

bastante causa he tenido

vuestra justicia y rigor,

pues el delito mayor

del hombre es haber nacido”.

Función, horario y boletos aquí: La Teatrería. Hasta el 5 de abril.

Dejar una respuesta