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Noche de Reyes, Shakespeare en el cabaret

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Por Roberto Marmolejo Guarneros

La obra de William Shakespeare es tan inigualablemente maleable y compleja en estructura, trama y personajes, que acepta casi cualquier acercamiento escénico: desde la barroca parafernalia plástica de Lindsay Kemp con Sueño de una noche de verano hasta el intragable Macbeth darky de Javier Daulte (tan genial como charlatán), por poner un par de ejemplos en los extremos del logro artístico.

Shakespeare ha aguantado todo por poquito más 500 años.

Noche de reyes, adaptada y dirigida por Alonso Iñíguez, retoma la estética del cabaret expresionista alemán para refrescar una de las comedias más brillantes de Shakespeare.

En Noche de reyes, nadie es lo que dice ser. Mujeres que se hacen pasar por hombres; nobles enloquecidos por la calentura sexual; servidumbre taimada o petulante; amores secretos y sin corresponder; sexo, risas, equívocos y mucho ingenio.

No podía ser para menos, ¡es Shakespeare!

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Además de asumir para Noche de reyes la estética cabaretil (excelente producción, ni hablar), Iñíguez añade la música de Pablo Chemor y nos regala con una suerte de función en el legendario Kit Kat Club (el antro del musical Cabaret), con maestra de ceremonias incluida: Fiestas, interpretado por Adriana Montes de Oca con mucha intuición actoral y factura cómica. Junto con Carlos Aragón (el soberbio, pero burlado Malvolio) son los actores más sobresalientes de este reparto, que en general resulta muy eficaz para consolidar la propuesta del director. También Sofía Sisniega (Viola), José Ponce (Sir Andrew) y Pablo Chemor (Sir Toby) aportan con talento en esta nueva Noche de reyes. Majo Pérez (Olivia) y Salvador Petrola (Orsino) cumplen, aunque por momentos, sobreactúen (por momentos, dije).

Dos tropiezos, me parece que la adaptación de Alonso Iñíguez, en su intento por facilitar la comprensión del texto, empobrece un poquis los personajes. La intención es buena; el resultado, disparejo. Afortunadamente, la música original de Pablo Chemor, los enriquece y los torna harto simpáticos y disfrutables.

Otro: la narrativa en el escenario arranca sin ritmo y torpe; poco a poco va cobrando un timing estupendo, que culmina con una canción que sintetiza y subraya las ideas shakespeareanas sobre el amor y su inevitable fin (la muerte, pues). Pero los primeros 20 minutos son difíciles de contemplar. Después, todo es risa y canciones.

Shakespeare es generoso, no hay duda. Iñíguez tiene talento, tampoco hay duda. Hacen buena mancuerna.

Noche de reyes estará de viernes a domingo hasta el 7 de mayo en el Foro Shakespeare.

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