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El peso ¿La nueva esclavitud de la mujer?

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Por Adriana Esteva
Especialista en nutrición emocional
@adriesteva

Épocas van, épocas vienen, batallas libradas, obstáculos vencidos, voluntades inquebrantables….

No somos ni mejor, ni peor que los hombres, simplemente somos y seremos…… Mujeres.

A lo largo de la historia de la humanidad, hemos jugado los más diversos roles:

  • Matriarcas, esclavas, amantes, hechiceras, madres, esposas, lideres; hemos sido soporte de familia y también, claro, por qué no decirlo, hemos sido soportadas.

Un principio religioso que nos sitúa como provenientes de la costilla del varón, le ha dado vida a abusos atroces de maltrato que aún en nuestros días siguen cobrando víctimas. Llevar un velo, taparse el escote, hablar sólo cuando el marido o el padre lo permita, ser objetizadas, tener sexo sólo cuando el marido lo desee (tengan ganas o no), ser blanco fácil de maltrato y hasta la lucha laboral por obtener puestos y sueldos basados en trabajo y capacidad y no en género, son sólo algunos aspectos que nos hablan de lo que nos ha tocado experimentar.

Mujeres valientes han peleado en nuestro nombre el derecho al voto, a la libertad de decisión sobre sus cuerpos, a pensiones alimenticias, a poderse divorciar y un extenso número de batallas más.

EL PESO LA NUEVA ESCLAVITUD DE LA MUJER melissa-mccarthy-brian-bowen-smith-main

Esta referencia la hago porque me parece de verdad increíble todo lo que podemos lograr. Somos tiernas, audaces, valientes, sutiles. Podemos solas sacar a nuestras familias adelante, afrontar juicios y divorcios extenuantes pero eso sí, nos dicen GORDA y se nos olvida todo lo que hemos luchado, se nos olvida lo buenas madres que somos, se nos olvida cuántas veces nos hemos partido el hocico para que nuestros hijos no se den cuenta de las broncas y/o carencias en casa, se nos olvida que hacemos de comer, que damos consuelo a nuestras amigas, se nos olvida que somos leales y creativas en el trabajo, se nos olvida que quizás hemos formado una empresa, se nos olvida que cuidamos de nuestros padres, se nos olvida que somos el alma de la fiesta, se nos olvida que cocinamos delicioso, se nos olvida que hacemos que el hogar funcione, se nos olvida que damos vueltas todo el día para que nuestros hijos no se pierdan ninguna actividad ni que les falte nada para la tarea, se nos olvida que somos amorosas con alguien enfermo, se nos olvida que hacemos labor social,

se nos olvida que estudiamos carrera, postgrados, maestrías, se nos olvida que podemos hacer varias cosas a la vez….

El peso la nueva esclavitud de la mujer

Recuerdo que alguna vez escuché a una chava, por cierto guapísima, exitosa, buena madre y bastante inteligente decir: “Estando flaca, hasta el divorcio aguanto”. Yo recuerdo haberme quedado impactada de que no haya podido ver que si aguantaba un divorcio era por muchas otras cosas más, no por estar delgada.

Cuando decidí volver mi forma de comer y mi relación con el peso un vehículo de crecimiento, influyeron varias cosas; por supuesto mi historia personal pero también la desesperación y el dolor que me generaba, y me sigue generando pero la diferencia es que ahora hago algo al respecto, ver cómo a mi alrededor escuchaba y sentía, a cientos de mujeres (incluyéndome a mí misma) ocupando más del 80% de su tiempo, energía, talento y vida, peleándose con sus kilos y con su forma de comer. Cada conversación empezaba, transcurría y terminaba en dietas, pastillas, tratamientos, gimnasios, gotas, masajes, recetas y cuanta locura brincaba a la mesa en torno al tema.

El peso, la nueva esclavitud de la mujer

Por mucho tiempo yo pensaba que eso era normal, pero conforme me pasaba la vida por encima y cada vez estaba más deprimida creyendo que sólo obedeciendo las reglas de la sociedad pro delgadez sería feliz, me fui dando cuenta que había un enojo brutal dentro de mí y cuando le pude poner palabras se escuchó más o menos así:

¿Te cae que tanto talento y capacidad creadora se reduce a cuántos kilos vas a perder este mes? ¿Te cae que este mundo sólo está hecho para las talla dos? ¿Te cae que “nomás” para esto nos alcanza?

Hoy creo que de alguna manera, como mujeres seguimos sin creernos lo valiosas que somos y queremos ocultar nuestra grandeza en la pequeñez de nuestros cuerpos.
Creo también que ante el enorme poder que tenemos y que somos capaces de poner en acción, nos han o nos hemos nosotras mismas anulado creyendo que primero debemos librar la batalla con nuestra apariencia para entonces sí, tener la fuerza para salir al mundo y demostrar lo que somos capaces de lograr.

¿Será también que creemos que para estar a la altura de un hombre debemos ganarnos el lugar haciéndolo sentir orgulloso de llevarnos del brazo luciendo un cuerpazo?

Créanme que nos soy feminista, ni pretendo armar una revuelta, de hecho soy bastante cursi y amo sentirme cuidada por un hombre, sin embargo me he dado cuenta que basamos demasiado nuestro valor en la apariencia, creyendo que eso nos va a garantizar que no nos abandonen, que nos admiren y que las gotas de la felicidad llenen siempre nuestras copas.

Me duele ver a mujeres partirse por dentro porque se han sentido rechazadas toda su vida por creerse inadecuadas. Este no ser adecuadas comienza desde que intentamos cumplir con las expectativas de nuestros padres, expectativas que a lo mejor tienen desde que eran pequeños, desde tu Mamá que se juraba que sería la mejor madre del mundo, teniendo al bebé más maravilloso del mundo y en la realidad se topó con que tenía cero paciencia, era un desastre y tenía que cuidar a un ser rarísimo al que no le entendía nada, hasta tu Papá que se veía como un exitoso futbolista y terminó trabajando en una oficina para que pudieras tener pañales y leche.

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Estas expectativas nos son lanzadas a veces sutilmente y a veces con una brutalidad que asusta. Te pongo el caso de una mujer que cuando yo la conocí daba la impresión de que estaba cargando 1000 toneladas de dolor y a la que le daba pavor sonreír. Estábamos las dos tomando un taller en Nueva York sobre la relación con el peso y la comida y después de hablarnos de lo culpable que se sentía por comer tanto, pudo adentrarse más (ayudada por la facilitadora) y entender que la culpa que en realidad sentía no era por comer de más, sino por ser ella. Resulta que desde que nació, su madre le hizo saber de todas las maneras posibles, que se arrepentía de haberla tenido, que había sido un accidente, que nunca había querido ser madre y que odiaba la idea de ver arruinada su vida por serlo.

¿Te das cuenta? Ella misma se auto- castigó por no ser deseada y vivió su vida confirmándose lo inadecuada que era. El exceso de peso fue su prisión, no sólo porque le provocaba cansancio y malestares, sino porque es súper castigada la gordura en estos tiempos. Utilizó algo que en nuestras sociedad “quita valor” para confirmarse su propia desvalorización.

EL PESO LA NUEVA ESCLAVITUD DE LA MUJER ugly-betty-ep4-20

¿Cuántas veces te has sentido así? Desvalorizada, anulada, imperfecta. ¿Has pensado que teniendo un cuerpo perfecto todo lo demás será perfecto también? ¿En cuántas prisiones te metes todos los días tu misma?

Sé que no es sencillo liberarnos de la moda, del qué dirán, de la necesidad de pertenencia y aprobación, pero también sé que seguir atada a ello, nos aprisiona y nos aleja de vivir en la plenitud que nos corresponde a todos.

Sólo medita en esto: Cuando estás triste y le pides a tu mejor amiga que vaya a tu casa……¿Le pides que se suba a la báscula para ver si tiene el peso adecuado para poderte acompañar y consolar? ¡Espero que no! Y que con esto te des cuenta que lo verdaderamente importante no se mide en kilos.

Si te maltratas tratando de adelgazar, será la energía del maltrato la que se quede a vivir en tu ser y no habrá dieta que la haga irse de ahí. Si esperas a que los kilos desaparezcan para que puedas llevar a cabo tus sueños, temo decirte que es probable que nunca te sientas capaz y/ o merecedora de realizarlos o de disfrutarlos

¿Quieres seguir esclavizada? La llave no está afuera, está adentro y sólo tú la puedes abrir.

El Universo necesita de ti, de mí, de todos para regresarle la armonía. El trabajo de auto-valorarte va más allá de tu propia felicidad. Cuando dejas de lado el drama y te pones a crear y a usar tu luz de manera positiva, es muy probable que descubras tus grandes dones, esos que estamos en obligación de compartir y poner en servicio.

¿Valdrá la pena seguir esperando que la báscula te dé permiso de ser feliz?
¿Estás haciendo a tu hija o hijo esclavo de su cuerpo?

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